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DOMINEN LA TIERRA

 

Cuando la humanidad se aparta de Dios evidentemente que olvida sus palabras y, por lo mismo, resulta lógico que no las cumpla.
Todos podemos constatar que en estos momentos la humanidad se ha puesto o enfrente de Dios o al margen de Él.


 

A través de todos los gobiernos del mundo se va poniendo como una meta gozosa y sin excepciones, junto a otras leyes inmorales, el aborto.
A cualquier persona que tenga un poco de criterio le puede parecer esto de matar a sus iguales una barbaridad. Porque iguales son esos seres humanos, aunque sean todavía pequeños y no puedan valerse por sí mismos.
Peor todavía, consta que se fomenta de muchas maneras que las chicas queden encinta para luego animarlas a destruir la vida que han concebido. No se permite a la madre que  piense en las secuelas que tendrá el aborto, tanto del cáncer de seno (cuyo estudio se está haciendo desde hace mucho tiempo), como del trauma psicológico que les sobrevendrá por haber matado a su propio hijo, no permitiéndole ver la luz.
Como consecuencia de esto importan los medios para conseguir que se multipliquen los abortos, aunque sabemos que  todos ellos son vergonzosos.
La humanidad se va depauperando y aviejando.
En el mismo Perú conocemos que hay muchos pueblecitos que tienen muy pocos niños como fruto de las esterilizaciones de los últimos años.
Esto lo constatan sobre todo los profesores y sacerdotes. Los primeros porque van pocos niños a la escuela y los sacerdotes porque son pocos los que participan en la catequesis.
La humanidad está destruyendo la fuente de la vida. Ha olvidado la voz de Dios que, desde el principio de la creación, ha dejado en lo más profundo de la conciencia humana este grito: ¡no matarás!
Por otra parte, buscando solamente el negocio y sin cuidar los medios para conseguir enriquecerse, la humanidad está destruyendo la naturaleza.
Cada vez son más las personas que sufren todo tipo de enfermedades, las de siempre y otras modernas que nadie conoce, como fruto de la extorsión que se está haciendo a la naturaleza.
Por eso hoy como nunca, sentimos que se hacen realidad las palabras de San Pablo: “la naturaleza gime con dolores de parto”.
Da la impresión de que los remezones de los terremotos  y los golpes piedra - contra - piedra, son estos dolores de parto que en vez de engendrar vida, engendran muerte.
Es escalofriante la cantidad de fallecidos a causa de las inundaciones, terremotos en diversos países, etc., a todo lo cual evidentemente habría que añadir los muertos por el terrorismo y las guerras. Además hay que sumar los abortos que son asesinatos que algunos ni tienen en cuenta.
Ahora que el hombre se cree dueño de la naturaleza; ahora que se cree la autoridad máxima para dar leyes en contra de las leyes de Dios; ahora que los negocios han inventado una cultura de muerte, es el momento de pensar que la humanidad está tocando fondo y que le va a ser muy difícil salir de él.
Pienso que hoy más que nunca la voz buena y amorosa del Creador nos repite las primeras palabras del día de la creación: “dominen la tierra”... tengan cuidado que la tierra se les escapa de sus manos…
Dicen que hasta el eje de la tierra amenaza con perder el equilibrio, con insospechables consecuencias desastrosas.
En el alboroto de los negocios y la cultura de muerte, sigue resonando valiente la voz de la Iglesia, como la conciencia a la que hay que acallar a cualquier precio para que reine el capricho y la apariencia de libertad.
Pero es preciso que todos los hombres de buena voluntad se unan para proclamar juntos el Evangelio de la vida y poner esperanza de vida en un mundo que la va perdiendo por su propia culpa.

 
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
 
 
 

 
 
 
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