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LIBEREN LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Vamos con Benedicto XVI a Sydney. Es el encuentro con la juventud. ¿400,000 jóvenes?

El Papa toma la luz del cirio con una vela. Después comienzan todos a repartirse la luz que va pasando, de mano en mano, hasta que la noche se convierte en un ascua de fuego, una hoguera que simboliza la presencia del Espíritu.

Una luz es poca cosa. ¡Cuatrocientas mil luces es algo serio! En esa vigilia de la jornada mundial de la juventud, del sábado 19 de julio, el Papa les habló.
¿Su discurso? Una maravilla. Una de las agencias de noticias lo presentó como “uno de los discursos más bellos del pontificado del Papa”.

Yo lo comenté durante día y medio con mis seminaristas. Todos gozamos. ¿De qué trató?
El Papa presentó al Espíritu Santo como amor, unidad y fidelidad en la Trinidad, en la Iglesia y en cada uno.

El lema central de la jornada juvenil ha sido “recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… y seréis mis testigos” y el Papa lo explicó así:
“El encuentro ha sido para recibir la fuerza de Dios. Esta fuerza la da el Espíritu Santo... acoged en vuestro corazón y en vuestra mente los siete dones del Espíritu Santo. Reconoced y creed en el poder del Espíritu Santo en vuestra vida”.

Para ayudarnos, Benedicto XVI nos lleva hasta la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo crea la comunión y la unidad entre las tres Divinas Personas.
Este mismo Espíritu es el alma de la Iglesia de Jesús. En ella crea también la unidad. Es el Espíritu Santo quien la unifica, la guía y la fortalece.
¿Y cómo lo hace? Trabaja desde dentro.
San Pablo enseña:

“¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”
Sí. Con san Agustín debemos tener en cuenta:

“El Espíritu Santo nos hace vivir a nosotros en Dios y a Dios en nosotros; pero es el amor el que causa esto. El Espíritu, por tanto, es Dios como amor”.
Dice el Papa que es una magnífica explicación. Dios se nos entrega como amor en el mismo Espíritu.

De todas maneras para nosotros lo importante es “permanecer” y la fidelidad es algo que no se da fácilmente en nuestro tiempo.
¿Cómo hace su obra el Espíritu Santo y cómo nos ayuda a ser fieles y a permanecer en Dios? Con el regalo de sus dones.

El Catecismo Católico enseña: “La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo”.

Estos dones son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Los “dones” no son ni un premio ni un reconocimiento a lo que hicimos. Son simplemente un regalo. Ante todo esto, sólo puede haber una respuesta: “acepto”.

El Papa añade: “percibimos aquí algo del misterio profundo de lo que es ser cristiano: lo que constituye nuestra fe no es principalmente lo que nosotros hacemos, sino lo que recibimos”.

Después llegó la gran pregunta del Papa a los jóvenes:

“¿Aceptáis entrar en la vida trinitaria de Dios? ¿Aceptáis entrar en su comunión de amor?”.

En cada corazón, desde el bautismo, está viva la gracia santificante. Con ella recibimos los dones del Espíritu Santo y las virtudes teologales. Muchos, sin embargo, viven como si no los tuviera.

Por eso, al final del discurso, llegó el reto del Papa:
“¡Liberad estos dones! Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los signos de vuestra grandeza”.

Yo me imaginé: si cada velita prendida en la noche representara uno de los dones, ¿qué sucedería si cada uno liberara los siete dones del Espíritu que lleva dentro? ¡El fuego hubiera abrasado la multitud!

¿Por qué los cristianos no abrasamos el mundo a pesar de que somos tantos?
Es que la mayor parte no se da cuenta del tesoro que tiene.
En cada uno de nosotros está el mismo Espíritu que hace feliz a la Trinidad Santa. ¿Te parece poco?

Amigo lector, libera tú también las maravillas que Dios te ha regalado al adoptarte como hijo.

Con la fuerza del Espíritu, tú mismo serás un derroche de belleza para Dios y para los hombres.

 

José Ignacio Alemany Grau, Obispo


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