EL PERPETUO SOCORRO EN GRANADA

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Este año mis hermanos Redentoristas me invitaron a predicar la novena del Perpetuo Socorro en Granada, España.
El “Veleta” de nieve blanca, la Alambra de ensueño, el Genil regando huertas y los granadinos, alegres y fieles, crean un embrujo irresistible. Yo, desde joven, caí en él.
Y ahora ha sido una gozada volver a esa tierra granadina que ama mucho a la Virgen del Perpetuo Socorro.
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Fui a compartir con ellos su amor a María y el que ella ciertamente les tiene. La comunidad Redentorista es un encanto. Viven en fraternidad y espíritu misionero.
Allí estaba, entre otros, cargando 92 años, el padre Riesco, mi antiguo provincial, repitiendo a todos que gracias a él soy obispo porque hace 45 años que me envió al Perú.
Fueron días inolvidables en la comunidad y en la ciudad, pero mi vida está en el Perú y aquí estoy de nuevo, compartiendo con ustedes y con el gozo de poder predicar los últimos días de la novena de Piura, donde tantos miles de personas invocan, desde hace cien años, a la Virgen del Perpetuo Socorro y la acompañan en la multitudinaria procesión.
¿Compartimos un recuerdo mariano de Granada?
Dos cipreses más altos que el templo que cobija la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. Son las seis de la mañana y la luna, entre los dos cipreses, se juega la luz porque el alba asegura que viene el sol.
Los faroles amarillentos permanecen en sus puestos, dispuestos también a descolgar su luz y abrirse al calor veraniego.
Los primeros vencejos (pájaros mañaneros) abren sus picos chirriando para pedir al Padre Dios el pan del día. Los hombres no han roto todavía el silencio de la noche.
Comienzo a pensar.
Esta tarde saldrá la Reina en procesión, acompañada de sus granadinos que han renunciado a sus joyas para que las luzca su Madre.
No todos lo entienden pero los granadinos sí.
Están seguros de que lo mejor es para su Madre y… luego se sentarán juntos para compartir el pan con los hermanos.
Todo esto lo aprendieron sentados a la mesa con Jesús, mientras Judas protestaba.
Son esos Judas que nunca descubrieron a Jesús ni amaron a los pobres.
Encarnación González fue una pintora apasionada de la Virgen y multiplicó los cuadros del Perpetuo Socorro por toda España y los llenó de ternura. Uno de ellos va sobre la preciosa anda granadina.
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¡Adelante, Madre, tus hijos te aclaman!
La banda inquieta a los “costaleros” que te empujan y caminan al ritmo que ella les da.
Van sudando calor veraniego, metidos bajo el anda. ¿Que nos darás, Madre, al pasar por nuestras casas?¿Qué te vamos a dar nosotros?
El lenguaje sin palabras. El amor sencillo de quien ama. Las heridas de los cuerpos y las llagas de las almas.
Todo sale hoy al atardecer de tu procesión con el corazón lleno de vacíos.
¡Te aclamamos Esperanza!
Y tú pasas.
Y vuelves tus ojos hacia nosotros y orgullosa, nos muestras a tu Hijo, fruto bendito de tu vientre y nos dices:
- Sufren porque quieren.
- Mataron la esperanza.
- Destruyeron el amor y ahora parecen ovejas sin pastor…
- Aquí tienen en mis brazos al Redentor y Pastor de sus almas. Dios me permitió engendrarlo para ustedes. Aprovechen su sangre. Coman su pan.
¡Salve Reina y Madre! ¡Salve vida y dulzura!
En ese Cristo que llevas está nuestra esperanza. Gracias, Madre.
Nos vamos y nos quedamos porque tú te quedas y nos acompañas.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
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