LA MISIONERA DE TODOS, EL PERPETUO SOCORRO
Si quieres ser misionero, acércate a la Santísima Trinidad.
Si necesitas un modelo aprende de Santa María.
Dios la colocó en un puesto privilegiado porque le tuvo un amor especial.
Hay que tener muy presente que el Padre hizo de Santa María su Hija predilecta. El Hijo la escogió por Madre y la preparó. El Espíritu Santo la tomó por Esposa y la hizo la mujer más linda.
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Así, preparada por la Trinidad, la Virgen Santísima comenzó a actuar dentro del plan misionero de Dios.
Quizá preguntes: ¿Dios es misionero?
Pues sí.
Siempre se ha hablado en teología de las “misiones” de la Trinidad.
Estas “misiones” son dos y no debes olvidarlas nunca:
La encarnación por la que el Padre envía a su Hijo al mundo como misionero para redención de la humanidad.
Pentecostés: el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo para poner en movimiento a toda la Iglesia que, a través de los siglos, será instrumento de salvación para la humanidad.
Para realizar su plan de salvación a los hombres que se apartaron de Dios por el pecado, Él necesitaba una mujer, ya que quería que su Hijo fuera un ser normal… ¡un hombre!
Por otra parte, si venía de Dios y era Dios, debía ser muy especial.
Por eso quiso el Padre que su Hijo viniera al mundo a través de una mujer que lo engendrara virginalmente, como un extraordinario privilegio.
María criatura, mujer y madre, acogiendo al Verbo, se hizo la primera misionera, porque Santa María es la que da Dios a todos.
Dio a luz a Jesucristo en Belén y en seguida empezó su misión entregándolo a los pastores, luego a los Magos, al anciano Simeón y a Ana y…
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Siguió siendo misionera en Creta:
Era un icono desconocido en el fondo del baúl de un mercader.
Venía éste de Creta en un barco que terminó desvencijado por el temporal, pero la Virgen les salvó la vida a todos y pudieron llegar con salud al puerto de Ostia, que así se llama el puerto de Roma. El icono llegó a Roma.
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El mercader quiso que esa preciosa imagen, que les salvó la vida a todos durante la tempestad, siguiera siendo un tesoro personal suyo. Pero la Virgen dijo que no. Que quería ser misionera de todos.
Hizo prodigios hasta conseguir ser colocada a la pública veneración. Salió en procesión y en su primer recorrido curó a un paralítico que la invocó.
El entusiasmo del pueblo romano por el cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro aumentó desde aquel momento.
Nuestra Virgen se subió al altar mayor de la Iglesia de San Alfonso y pidió a los Padres Redentoristas por boca del beato Papa Pío IX que la llevaran por todo el mundo y la dieran a conocer.
Bajo la imagen venerada se lee: “Antigua imagen, famosa por sus milagros, venerada en Roma en la Iglesia de San Alfonso”.
Hoy el cuadro (o imagen) es querida y amada por todos.
Sus ojos repiten: ven a mí y encontrarás a este Jesús que engendré por obra del Espíritu Santo. Ayúdame. Sé misionero como yo. Ven y haremos maravillas…
Todos tenemos que ser misioneros porque el mundo de hoy se ha revelado contra Dios en gran parte por culpa de sus dirigentes.
Tú y yo y todos tenemos que ser, como Santa María, los continuadores de la misión trinitaria para que el mundo pueda aprovechar la sangre de Cristo, nuestro Redentor.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Reflexiones anteriores:
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