EL PADRE DE LOS TREINTA ALMUERZOS
La última vez que estuve en Trujillo me contaron que hay un sacerdote que ha llegado por primera vez a la parroquia. Son pocos los que participan en la Misa dominical y se le ha ocurrido la bendita idea de invitar, cada mes, a treinta personas que viven en la parroquia pero que nunca asisten a la Santa Misa para que vayan a su casa a almorzar con él.
Hace llegar a la casa de estas personas una invitación personal de su párroco.
Él, que es un experto chef con título y todo, prepara el almuerzo. Luego él mismo sirve a los comensales. Y todo termina con una conversación sobre lo que es una familia en la Iglesia de Jesús; como, todos nos necesitamos y los espera para poder comer juntos, cada domingo, el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía en la Santa Misa.
Pienso que es una manera ingeniosa de ser padre y de actuar como padre de todos los fieles de una parroquia; de los que vienen y de los que no vienen, pero seguramente comenzarán a gozar, cada domingo, del encuentro con el Señor en la familia de fe.
¿Eso es ser padre? Para mí, ciertamente, y por algo todos los fieles a sus sacerdotes y en especial a sus párrocos, los llaman “padre”.
Por su parte, la Biblia también nos enseña que Dios es Padre y fuente de toda paternidad.
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Jesús mismo, en el Evangelio de San Mateo, nos habla de cómo actúa este Padre cuidando de los pajaritos y las flores, pero de una manera muy especial de sus hijos, los hombres creados a su imagen y semejanza.
Es, pues, Jesús el que nos invita a fiarnos de nuestro Padre Dios y a confiarnos a su providencia.
Quizá eres tú un padre de familia y estás pensando, y cuándo, nos felicita en el día del Padre. Pues yo a los buenos padres los felicito todos los días. La razón es simple: porque se desviven por su familia y porque cada día saben ser buenos esposos y adoran a la mujer que escogieron como madre de sus hijos y esposa de su corazón.
A los que no saben ser padres, yo les invitaría a leer el capítulo 6 de San Mateo. No olviden que si toda paternidad viene de Dios, es de Él de quien tenemos que aprender.
Por lo demás, también es bueno que aprendamos que la providencia de Dios no se manifiesta haciendo milagros continuamente, sino que más bien se manifiesta, a través de los que Él mismo ha colocado como padres de familia.
A Elías en el desierto le enviaba, por medio de los cuervos, pan por la mañana y carne por la tarde.
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En otra oportunidad Dios le envió pan calientito y un jarro de agua para que pudiera caminar hasta encontrarse con Él en el monte Horeb.
Ahora el Señor alimenta a sus pequeños con el esfuerzo que tú haces, trabajando para conseguir el pan de los tuyos con el sudor de tu frente. ¿No te parece maravilloso que tú, con tu esposa, estén haciendo las veces de Dios en el hogar?
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¿Qué felicitación necesita una persona que está siempre feliz, haciendo las veces del Creador con los suyos?
De todas maneras ésta es mi felicitación para quienes representan la paternidad de Dios en la tierra.
Felicidades a los sacrificados padres de familia que viven para los suyos y se desviven por ellos.
Felicidades a los sacerdotes, verdaderos padres, que dan vida en el bautismo y alimentan con la Eucaristía a los hijos que Dios les ha confiado.
Y felices todos los hombres de buena voluntad que emplean su creatividad y su amor para ser cada día más semejantes al Padre del cielo.
Su vida de compromiso, su oración y el contemplar cómo actúa nuestro Padre Dios, he ahí lo que hará crecer a los padres que han heredado la paternidad de Dios.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
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