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DESAGRAVIAR AL DIVINO CORAZÓN

Para nuestra naturaleza caída agraviar es fácil, pero desagraviar resulta más complicado.
De hecho ahora (no sabemos si más o menos que antes, porque cada uno conoce su propio tiempo nada más) sube hacia el cielo una continua nube de pecado, contra todas las leyes divinas y contra todas las leyes de la naturaleza.
Se ha llegado a manipular la vida sólo por el capricho de investigar y sentir la embriaguez de una falsa libertad.

Todo tipo de pasiones ha encontrado la puerta abierta, desde que se desterró la verdad y el bien y se ha abierto la puerta grande al mal.

El relativismo imperante pretende hacer un mundo nuevo de espaldas a la historia y lo que es peor de espaldas al Dios de la historia. Ni Dios, ni los hombres tienen derecho a dar leyes.

Únicamente pueden dar leyes exclusivas quienes por un tiempo y, normalmente por equivocación del pueblo, fueron escogidos para gobernar.

La historia de la revelación nos presenta un Dios que busca a los hombres, uno por uno, para llevarnos a su casa, la casa del gozo eterno.

Nuestra sociedad, en cambio, hoy nos presenta unos hombres que habiendo vuelto las espaldas a Dios, únicamente ven su propia sombra. Como en un juego de sombras chinescas, vemos el pecado dominando toda la pantalla. Sólo existe la luz para hacer sombras oscuras. Frente a todo esto uno se pregunta:

-¿De qué sirvió que el Hijo del hombre, Dios como el Padre y el Espíritu Santo y hombre como cualquiera de nosotros, hiciera una carrera de amor total hasta la muerte y muerte de cruz?

-¿Sirvió de algo que resucitara y subiera gozoso al cielo para prepararnos un lugar?, ¿De qué le sirvió a Jesús dar la vida para que la humanidad tuviera vida abundante?

- ¿Alguna vez fue cierto que la humanidad se haya encontrado más feliz sin Dios que con Él?. Si somos capaces de un poco de objetividad, nos daremos cuenta de que, quien sufrió tanto para abrirnos las puertas de la esperanza y del amor definitivo, merece nuestra gratitud y desagravio.

Esto es lo que han hecho grandes santos en los últimos tiempos, fomentando la devoción al Corazón de Jesús.

Entre ellos resalta Santa Margarita María Alacoque. ¡Desagraviar un corazón tan amante como el Corazón de Jesús. ¿Y cómo podríamos hacer esto? Ante todo tenemos que abrir nuestro corazón a su luz.

Que penetre en nosotros la luz de quien dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Iluminados por ella daremos estos pasos:

1. Lavarnos de nuestros pecados en la sangre y agua abundante que brotó de su corazón, cuando el centurión cruel lo traspasó con la lanza.

2. Consagrar este corazón nuestro, ya purificado, al amor infinito de Dios, correspondiendo así con amor al Amor.
En esta consagración ponemos en manos del Corazón de Jesús; el cuerpo, el alma con sus potencias, los sentimientos, nuestros bienes materiales y espirituales, la familia, el trabajo, el pasado, el presente y el futuro para que Jesús reine en nosotros y en todo lo nuestro.

3. Ayudados por el Espíritu de Jesús imitar, desde nuestra pequeñez y pobreza los sentimientos y criterios de Cristo tal como los leemos en el Evangelio hasta el punto de que nos parezcamos a Él como auténticos discípulos.

4. Recordando las palabras de Jesús el día de fiesta: “el que tenga sed venga a mí y torrentes de agua viva brotarán de sus entrañas” acercarnos a Él con el corazón agrietado por la sed, y beber abundantemente.

Bebiendo en la torrentera de su Corazón llegaremos también nosotros a ser santos en el Santo.

 

José Ignacio Alemany Grau, Obispo


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