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DIOS ES AZÚCAR

No sé si con fe o sin ella. Tampoco sé si lo hacía para quitar la idea de Dios a los alumnos pero lo que me contaron fue más o menos así.

La profesora preguntó a las pequeñas:¿Por qué creen que existe Dios, si no lo han visto? Cuando le tocó el turno a una de las más calladas, dijo así:
Mi mamá dice que Dios es azúcar.
La profesora, admirada, le preguntó: ¿y por qué?
La pequeña, contestó:
Yo no veo si mamá ha puesto azúcar o no en la leche, pero apenas la pruebo me doy cuenta de si la leche tiene azúcar o no.

Mi mamá me dice que así es Dios. No lo vemos pero enseguida nos damos cuenta de que está y mi mamá no puede equivocarse.

Es claro que el Señor ha puesto en nuestra conciencia una certeza de que Él existe. Si miramos la creación, sin prejuicios, pronto nos daremos cuenta de que las cosas no se han hecho solas. Basta ver cuánto nos cuesta construir una casa, hacer una carretera.
Un ser supremo ha tenido que hacer tantas maravillas que superan, con mucho, toda capacidad humana.

A ese ser supremo todos los pueblos lo llaman Dios. Pero junto a este conocimiento racional del Creador, la revelación nos ha dado a conocer un Dios tan maravilloso que, al mismo tiempo que es uno, es trino en personas. Que Dios sólo es uno está claro, porque si es todopoderoso, no le quedaría ningún poder a un segundo Dios.

A parte, nosotros conocemos que ese Dios es Trinidad, pero se trata de un misterio más profundo que sólo aceptamos cuando Dios nos lo revela por la fe.

En efecto, lo que nos enseña la fe al respecto de la Trinidad es lo siguiente:
El Padre eterno, con su capacidad infinita, pensó siempre y su pensamiento encierra todo tipo de perfecciones imaginables e incluso inimaginables para nosotros.

Y como tiene todas las perfecciones ese pensamiento tiene vida y es el Hijo, eterno como el Padre porque el Padre siempre pensó. El misterio trinitario que conocemos por la revelación nos dice también que el gozo del Padre en su Hijo es tan completo que tiene todas las perfecciones, incluida la vida.
Por lo mismo que tiene vida, hay en la Trinidad esta tercera Persona que llamamos Espíritu Santo y que es el amor y gozo del Padre en su Hijo y el amor y gozo que el Hijo tiene también a su Padre.

Esto nos enseña la fe, pero no podemos entenderlo porque es un misterio.
Es decir, se trata de la naturaleza divina que es infinita y no cabe dentro de nuestra naturaleza humana que es pequeña y limitada.

Si todo esto es tan admirable, podríamos pasar mucho tiempo contemplando estas maravillas que Dios ha tenido a bien revelarnos, con el único fin de que encontremos la felicidad en la salvación que Él mismo nos ha regalado con la muerte y resurrección de su Hijo.

Pero todavía hay algo más maravilloso que hemos de tener en cuenta. Es también revelación de Dios, y nos la hizo Jesús mismo en la última cena:

“Si alguno me ama será amado de mi Padre y vendremos a Él y haremos morada en Él”.

Como quiera que el amor del Padre y del Hijo es el Espíritu Santo, con esas palabras nos indica Jesús que la Santísima Trinidad, las tres Divinas Personas habitan en nosotros.

¿Puede haber algo más grande que pensar que el Dios infinito ha querido ser nuestro huésped?
En esta semana te invito a meditar las ideas de esta reflexión y a repetir muchas veces en el día: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.


José Ignacio Alemany Grau, Obispo


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