EL PAN DE LOS DIVORCIADOS - II PARTE
Después de haber conversado sobre las maravillas del matrimonio cristiano y, sobre todo, después de saber que representa el amor infinito de Jesús a la Iglesia y de ésta a su Esposo Divino, no es fácil hablar del divorcio.
En la historia de la Iglesia el sacramento del matrimonio ha sido considerado siempre como indisoluble.
Pero, surge una pregunta, ¿las anulaciones qué son?
Anular un matrimonio significa comprobar que nunca se realizó, aunque haya habido una gran ceremonia externa.
El motivo más fuerte para hacerlo es la falta de libertad que hubo al celebrar el sacramento.
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Esto es difícil de probar. Lógicamente encierra en sí una serie de dificultades y condiciones que no es el propósito de mi artículo.
Veamos nosotros ahora cuál puede ser el alimento de la fe para una persona casada por la Iglesia que se separó y se ha vuelto a casar con otra persona. |
Todos conocemos que la Iglesia prohíbe comulgar a estas personas, porque la comunión es el sacramento del amor y la unidad que nos dejó Jesús. Pero eso, no te condena ni te obliga a vivir sin Dios y sin la Iglesia. Al contrario, la Iglesia con amor te ofrece otros muchos medios para que puedas mantener tu unión con Dios y crecer en tu vida espiritual.
Si los cumples, Dios verá la manera de manifestarte su misericordia. He aquí algunos:
Tú puedes rezar siempre
La oración es la gran arma que te une a ti directamente con Dios, sin mediación de nadie. Recuérdalo. Siempre puedes hablar con Dios.
Haz un esfuerzo por cumplir, en cada momento, la voluntad de Dios
¡Tú eres su hijo, Él es tu Padre! Toda la perfección a la que Dios nos llama consiste en hacer la voluntad del Señor, como la hizo Jesús.
Dedícate a tu familia
Educa a tus hijos en la fe y transmíteles eso más profundo que recibiste en tu corazón, en el bautismo y que a pesar de las circunstancias nadie ha podido quitarte, ni te quitará.
No olvides que sigues teniendo obligación de ir a la Santa Misa
El Papa Benedicto XVI está muy preocupado por estas personas, como siempre lo ha estado la Iglesia. Él dice:
“Aunque no pueden acudir a la comunión sacramental, no están excluidos del amor de la Iglesia y del amor de Cristo. Ciertamente una eucaristía sin la comunión sacramental inmediata no es completa, le falta algo especial.
Sin embargo, también es cierto que participar en la eucaristía sin comunión eucarística, no es igual que nada; siempre implica verse involucrados en el misterio de la cruz y de la resurrección de Cristo”.
Dios es mi Padre y nadie me lo quitará.
Yo quiero ser feliz. Siempre feliz y nadie me quitará este derecho a la felicidad que Dios mismo metió en mi corazón cuando me hizo a su imagen y semejanza.- Es cierto que Dios ha puesto una serie de normas, para que, viviéndolas, seamos felices y nos preparemos a la felicidad eterna. |
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Mi consejo es que vayas a la Santa Misa y cuando otros estén comulgando, haz la comunión espiritual, es decir, haz un acto de amor muy grande a Jesús y dile que, no pudiendo recibirle sacramentalmente, deseas que venga a ti espiritualmente, que te bendiga a ti y a tus hijos, que te ayude a ser verdadero hijo de Dios. Recuerda siempre que la comunión espiritual es un gran regalo que Dios te da.
Junto a estos medios hay otros dos grandes regalos de Dios para ti:
El primero es la Palabra de Dios
Es muy importante y especial. Recuerda que Jesús dijo: “no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Y tú la puedes comer, siempre que quieras y con toda abundancia y, de manera muy especial, en la primera parte de la Santa Misa.
Come la Palabra, lee, ora, medita y llévala a la vida.
El segundo regalo es que tengas presente el secreto y la esencia del cristianismo que es el amor
Ama a Dios con todo tu alma y que Jesús sea el primero en tu corazón y manifiesta que ese amor es auténtico, ayudando a todos en la medida de lo posible; comparte, consuela, da buenos consejos, ayuda en los servicios de caridad que hay en tu parroquia.
Dios ama a todos. Dios te ama a ti. Comparte su amor.
Es cierto que no puedes comulgar pero puedes amar y comer la Palabra de Dios y en ella celebrar un encuentro personal con tu Padre Dios y con todos sus hijos.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Reflexiones anteriores:
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