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LO QUE TÚ TIENES NO ES TUYO

Que la Virgen nos ayude a vivir con ilusión la batalla espiritual de la cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna.

Tres puntos que definen la penitencia cuaresmal y de los que iremos hablando posteriormente.

Hoy  vamos a conversar sobre la práctica de la limosna.

La razón es muy simple.

No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores.
No te engañes, pues, considerando que lo que tienes es exclusiva de tu propiedad. Son medios a través de los cuales el Señor nos llama a cada uno para que seamos la providencia de Dios hacia el prójimo.

Hay mucha gente que adora el dinero. En la medida que en la práctica se adoran los bienes materiales y se vive pegado a ellos con obsesión, uno da culto a ese dios.

Por algo advirtió Jesús que no se  puede servir a Dios y al dinero. La limosna, en cambio, nos va educando para socorrer al prójimo en sus necesidades y compartir con los otros lo que poseemos por bondad del Señor.

Dos son los grandes valores que encierra la limosna: la purificación interior y un signo de comunión eclesial, como el que vivía la primera comunidad cristiana, compartiendo sus bienes.

Cuando leemos la carta de Pablo, hablando de la colecta que quería llevar a los pobres de Jerusalén nos encontramos un gran ejemplo de este compartir.

Resulta muy duro en nuestro tiempo, ver cómo en los países de mayoría cristiana hay tantas personas que viven en la pobreza total.

Tengamos en cuenta que el socorrer a los necesitados, aún antes que un acto de caridad, es un acto de justicia.

Pero eso sí, considera que cuando das limosna debes tener como finalidad la gloria de Dios y el bien de tus hermanos. Porque si lo haces únicamente para que todos te aplaudan o para salir bajo los reflectores de la sociedad mediática, ¿qué recompensa vas a tener? Sólo la satisfacción de tu vanidad y orgullo.

Recuerda que sirve de poco dar los propios bienes a los demás, si el corazón se hincha de vanagloria por ello.

¿De verdad quieres recompensa por lo que das?

Entonces recuerda que tu Padre ve lo secreto y Él será tu recompensa.

Da limosna. Pero dala con amor. Si actúas por amor manifiestas la verdad de tu corazón.

Sí. No olvides que has sido creado no para ti mismo, sino para Dios y para los hermanos.

Al menos ésta es la fe cristiana…

Cada vez que compartimos por amor a Dios los bienes con el prójimo necesitado, experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y recuperamos todo lo que hemos dado como bendición del Señor, que nos hace sentir paz, satisfacción interior y alegría.

Recordemos que el Padre celestial recompensa nuestra limosna con su alegría, más aún, el gran medio de purificación es precisamente la limosna, hecha al prójimo no por filantropía sino por amor a Dios.

En cuaresma, de una manera muy especial, meditaremos cómo Jesús, siendo rico, se hizo pobre. Si seguimos sus enseñanzas haremos de nuestra vida un don total.

Imitando a Jesús estaremos dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos.

El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor.

Amigo lector, nada de lo que te he escrito hoy es mío. Son frases del mensaje de Benedicto XVI para la cuaresma de este año.

Te invito a meditar con profundidad el tema propuesto por el Papa: nuestro Señor Jesucristo siendo rico se hizo pobre por nosotros.

José Ignacio Alemany Grau, Obispo


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